Cómo escribir una memoria técnica que puntúa
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La memoria técnica es donde se ganan y se pierden más puntos de juicio de valor. Y es donde más empresas fallan, no por falta de oficio en la obra, sino por escribir una memoria genérica que no demuestra nada. Aquí tienes cómo se escribe una que puntúa.
Quién te lee y cómo puntúa
Antes de escribir una línea, ponte al otro lado de la mesa. Quien leerá tu memoria es un técnico de la administración con un montón de memorias por revisar y una rúbrica al lado: los criterios de juicio de valor del pliego, cada uno con sus puntos. No puntúa la memoria más bonita ni la más larga. Puntúa lo que puede marcar en su tabla.
De ahí sale la primera regla, que es de estructura: construye la memoria como un espejo de los criterios del pliego. Los mismos títulos, en el mismo orden. Si el pliego valora «planificación de la obra», «medios adscritos» y «gestión ambiental», esos son tus capítulos. El técnico tiene que encontrar cada punto que debe puntuar sin buscarlo. Cada minuto que pasa buscando dónde has puesto algo es un minuto que juega en tu contra.
El error número uno: el texto genérico
La mayoría de memorias que puntúan bajo comparten el mismo defecto: podrían servir para cualquier obra. «Disponemos de amplia experiencia en obras similares», «velaremos por la calidad y el cumplimiento de los plazos», «la empresa pondrá todos los medios necesarios». Nada de eso se puede puntuar, porque nada de eso demuestra nada: son declaraciones de intenciones que cualquier competidor puede copiar.
Cada afirmación de la memoria tiene que estar atada a esta obra. No «conocemos el entorno», sino el nombre de la calle, el colegio que hay al lado y cómo organizarás los cortes para que la entrada y salida de alumnos no coincida con el movimiento de camiones. No «minimizaremos las afecciones», sino qué servicio no se puede cortar, cuántas horas duraría la conexión nueva y cómo la harás en horario de bajo consumo. El condicionante real, y tu solución concreta. Eso sí se puede puntuar.
Qué contiene una memoria que puntúa alto
- Análisis de la obra: demuestra que has leído el proyecto, no solo el resumen. Cita los puntos críticos que has detectado (una interferencia de servicios, un acceso complicado, una fase que condiciona a las demás) y qué harás con cada uno.
- Planificación realista: fases, rendimientos y solapes que cuadren con el plazo del pliego. Un cronograma genérico se ve a la legua; uno que refleja las unidades de obra reales del proyecto transmite oficio.
- Medios concretos y asignados: no «personal cualificado», sino el equipo de obra con nombres, la maquinaria propia que destinas y el jefe de obra con su experiencia en obras comparables. Un medio sin asignar es una promesa; un medio asignado es un compromiso.
- Gestión de lo que preocupa al ayuntamiento: afecciones a vecinos y comercios, gestión de residuos, seguridad, comunicación con el ciudadano. Quien redacta el pliego pone esos criterios porque son los quebraderos de cabeza reales del día a día de la obra pública.
Lo que resta puntos (o te excluye)
- Pasarse del límite de páginas: según el pliego, a partir del límite se deja de leer o se penaliza. Ninguna de las dos cosas te conviene. Si el pliego dice 20 páginas, la memoria tiene 20.
- Adelantar información del sobre económico: poner el precio, el plazo ofertado o las mejoras valorables con fórmula dentro de la memoria técnica es causa de exclusión. Es el error más caro que se puede cometer en una licitación.
- Copiar párrafos del pliego para rellenar: el técnico que te lee conoce el pliego mejor que tú, a menudo lo ha escrito él. Repetirle su texto no acredita nada y diluye el contenido que sí puntúa.
Los límites de extensión no son una recomendación
Muchos pliegos fijan un máximo de páginas, un cuerpo de letra o un formato concreto para la memoria. No es una preferencia estética de quien lo ha redactado: es una regla del pliego, y el pliego lo has aceptado al presentarte.
- Lo que pasa del límite a menudo no se lee: hay pliegos que lo dicen expresamente, y la mesa descarta las páginas sobrantes sin valorarlas. Todo el esfuerzo puesto al final se pierde.
- En algún caso es causa de exclusión: cuando el pliego lo establece así, saltarse el formato no resta puntos, deja fuera.
- Escribir corto es competitivo: si el límite son veinte páginas y las usas para repetir el pliego, has gastado tu espacio en decir lo que ya sabían. La restricción juega a favor de quien tiene algo concreto que decir.
Escribir para quien puntúa, no para quien lee
La memoria no la lee un cliente: la valora una mesa o un comité que tiene que motivar cada punto que te da. Esa diferencia cambia cómo se escribe.
Quien valora necesita poder justificar por escrito por qué te ha puesto un ocho y no un cinco. Si tu memoria no le da esa frase, no se la va a inventar. Por eso funciona seguir el orden exacto de los criterios del pliego, usar su vocabulario y dejar cada apartado identificable de un vistazo: no es burocracia, es ponerle fácil la motivación a quien tiene que defender tu nota.
Y por eso mismo lo que no es verificable no puntúa. "Amplia experiencia en obras similares" no se puede motivar; tres obras con importe, año y órgano, sí.
El método, en tres pasos
Primero, el esqueleto: coge los criterios de juicio de valor del pliego y conviértelos en el índice de la memoria, con el peso de cada criterio como guía de cuántas páginas merece cada apartado. Segundo, la carne: busca la obra más parecida que hayas hecho y úsala de base para cada apartado, con sus rendimientos reales, sus imprevistos y cómo los resolviste. Tercero, la revisión: vuelve a la rúbrica y lee cada apartado preguntándote «esto, ¿el técnico lo puede puntuar con su tabla?». Todo lo que no supere esa pregunta, o se concreta o se quita.
Este trabajo, hecho a mano, son días. Con licitum el redactor monta la memoria sección a sección a partir del pliego y de tu historial de obra, y el corrector la revisa como lo haría la mesa: criterio a criterio, señalando dónde eres genérico y dónde todavía puedes ganar puntos antes de presentar.
Preguntas frecuentes
- ¿Quién puntúa la memoria técnica?
- Un técnico de la administración, a menudo el mismo que ha redactado o supervisado el proyecto. Tiene varias memorias sobre la mesa y una rúbrica con los criterios del pliego. No puntúa la que está mejor escrita: puntúa la que le permite marcar más casillas de su tabla.
- ¿Por qué el texto genérico puntúa bajo?
- Porque no demuestra nada. Frases como «disponemos de amplia experiencia» o «velaremos por la calidad» sirven para cualquier obra y, por tanto, no acreditan nada de esta. El técnico no puede puntuar una intención: puntúa análisis, soluciones y medios concretos ligados a la obra que licita.
- ¿Cómo se estructura una memoria técnica?
- Espejo de los criterios de adjudicación del pliego: los mismos títulos y el mismo orden. Así el técnico encuentra cada apartado que tiene que puntuar sin buscarlo. Si tu memoria tiene una estructura propia y creativa, le obligas a hacer de detective, y eso nunca suma.
- ¿Qué pasa si me paso del límite de páginas?
- Depende del pliego: hay mesas que dejan de leer a partir del límite y las hay que penalizan directamente. En ningún caso sale gratis. El límite de páginas es una instrucción, no una sugerencia.
- ¿Puedo poner el precio o el plazo ofertado en la memoria?
- No. La información del sobre económico (precio, y a menudo también mejoras o plazos que se valoran con fórmula) no puede aparecer en la memoria técnica. Adelantarla es causa de exclusión, porque rompe el secreto de la oferta.